
- Cancelan el programa de radio de César Hildebrandt
Una vez más, radio San Borja canceló for falta de publicidad el programa de radio de César Hildebrandt, a pesar de haber sido nombrado por Apoyo, en segundo lugar en la lista de periodistas mas influyentes de la radio, después de Raúl Vargas y de la todopoderosa Radioprogramas de Perú.
¿Qué se puede decir?, nada mas que se reitera la advertencia del gobierno de Alan García a las empresas de vetar a Hildebrandt por sacar a la luz a su sexto hijo Federico Danton.
-El gobierno corta los presupuestos a la ONA, Forsur y al Consejo de Reparaciones
El gobierno cortó el envio de los presupuestos -que se esperaba en el mes de julio- a la Oficina Nacional Anticorrupción (ONA) que dirigía Carolina Lizarraga, el Forsur -que se creó para liderar la reconstrucción del sur, tras el terremoto- y el Consejo de Reparaciones para los familiares de las víctimas de la violencia interna entre 1980 y 2000.

Carolina Lizarraga ya renuncio el jueves pasado, según se ha divulgado en "El comercio", salida que se suma a la de Ivan Meini y que han dejado descabezada a la entidad que fue creada con mucha pompa por el Ejecutivo, y que tenía la importante tarea de implementar una legislación anticorrupción con miras a poner en marcha el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos.
¿Chau ONA? (Augusto Alvarez Rodrich. Peru 21)

En cuanto, a la labor de Forsur, nada mas descriptivo que el reciente post de Esther Vargas sobre los avances en la reconstrucción del sur tras el terremoto del 15 de agosto, que cita un fotoreportaje de Jeronimo Rivero en el diario "Clarin":
Cuando pasa el temblor
El 15 de agosto de 2007, a las 18:40, un terremoto sacudió la región costera de Ica, al sur de Lima, y causó 600 muertes y destrozó más de 75 mil viviendas. Las imágenes conmocionaron al mundo y la comunidad internacional se movilizó de inmediato. Sin embargo, a diez meses del desastre, la situación de los pobladores sigue siendo, en su gran mayoría, crítica. Cómo vive un pueblo después de la catástrofe, cuando el mundo quita sus ojos de él.
-Se fue el periodista Jorge "Coco" Salazar
El Gitano Chosicano . Por Jaime Bedoya
Jorge Salazar (1940 - 2008)
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En busca de ella me había presentado en Caretas llevando una máquina de escribir portátil para demostrar mi disponibilidad inmediata. Al constatar mi mamerto despiste, en la puerta misma fui remitido al cuarto piso, donde Salazar. Al parecer tenían experiencia con gente así. El hacía no poco tiempo había cobijado a un grupo de periodistas jóvenes –Gonzalo Rojas, Mariana Creimerman, Tomás D´Ornellas–, que junto con él mismo y bajo el anagrama de Rosa Creidor había honrado la legendaria escuela de la revista. De ese equipo solo quedaban escritorios vacíos y fotos a punto de caerse de un panel de tecnopor. Luego de oír un intonso y olvidable alegato hizo una sola pregunta:
–¿Sabes que este trabajo puede volverte loco, no?
–Eso no es un problema, respondí.
Acto seguido era enrolado como meritorio de las secciones Concurso Canalla y Amenidades. Un desconocido de mirada ruda y huesos elásticos me daba la oportunidad de mi vida: Inventar la vida privada de la calata de la penúltima página.
Junto con la redaccion de los brevísimos textos que acompañaban El Concurso Canalla, aparentemente la intrascendencia periodística estaba asegurada. Jorge me demostró lo contrario. En diez líneas tenía que lograr un texto que sin noticia alguna atrapara al lector por sí mismo: el lenguaje era su propio tema. No tenía la menor idea ni capacidad para hacer eso. Percatado de mi orfandad Jorge bombardeó mi cabeza con lecturas e ideas de lo que él tenía por nociones básicas del oficio; y de la vida por extensión.
La magia de la palabra era una de ellas.
Obsesionado ya con la vida de Jesús citaba recurrentemente las escenas bíblicas donde el milagro sucedía a consecuencia del verbo: Levántate, camina; ¡mira!, tú que eres ciego. La palabra precisa y bien dicha tenía el poder de insuflarle vida hasta a una bidimensional mujer desnuda. Qué no podría hacer en un reportaje.
Otra de sus ideas era que el mejor de los sabores al compartir una mesa era el de la amistad. Gastrónomo pionero a años luz de la actual novelería culinaria, convertía una visita al Koala en penúltima cena donde se convocaban a la historia toda, compartiéndose por igual pan e ideas, todas comestibles, desde las más cultas y exquisitas hasta las inclasificables. Como el día que planteó una interrogante de alcances metafísicos sobre la que sostuvimos un debate durante años: Jaime, ¿poto es palabra?
Su otro tema, el arte de amar a la mujer. Tomé notas, pero pretencioso sería creer poder abarcar la complejidad de su teoría y praxis. Solo diría que en ella había de Jean Valjean, son cubano, Changó, Antoñito el Camborio, Berlín Oriental, Herodoto, el muelle de Brighton, Borges, y chifas, todos los chifas del mundo.
En el chifa el verbo se hacía carne –v. gr., pichón–. En el chifa los platos no eran de nadie sino de todos. Y en el chifa las mujeres, iluminadas por la combinación única de luz fluorescente reflejada sobre sillaus y tamarindos, refulgían en irrepetibles tonalidades chinescas. Y si no había mujeres, la comida siempre era magnifica.
Guiado por Jorge trapeé la cubierta de las últimas páginas de Caretas durante más de un año como feliz aprendiz. Alguien acabó leyéndolo y conseguí trabajo de periodista. Ahora me doy cuenta que eso era lo que Jorge tenía en mente. No volverme periodista. Sino que aprendiera a trapear con orgullo y sin vergüenza.
Al hacernos amigos lo empecé a llamar como lo llamaban todos, Coco. Pero jamás dejé de verlo como jefe y maestro. Había leído sus libros y lo tenía por escritor notable, naturalmente ninguneado, lo que tampoco le quitaba el sueño. Su biografía improbable, de niño chosicano, extra de películas en España, estudiante de tweed en Inglaterra, tahúr perdido entre el póquer de La Victoria y la pelousse de Monterrico, asaltante de bancos por la revolución cubana, el temido Rayo que dejaba en la quiebra a los timberos de diagramación, y más, me daba absolutamente igual si era cierta o no. Entre las licencias que la magia de la palabra confería estaba el discurrir fluidamente y con una sonrisa la porosa frontera entre realidad y ficción. Este salvoconducto le traía complicaciones en contextos estrictamente literales, los hay, pero cuando sucedían en estado silvestre era magia. Sucedió en Perulandia Park, fallido parque de diversiones de su natal Chosica, cuando improvisaba la génesis a sus tristes juegos. Sucedió en Nieve Nieve, pueblo fantasma vecino a Santa Rosa de Chontay donde con una tira de carne escuálida hizo un lomito saltado alucinante para media docena de comensales del fundo Sierra Morena. Sucedió en el chifa bailable El Dorado, vetusto último piso de un edificio en Arenales donde con Aída, Gabriela y Coco se nos ocurrió, vestidos de gala un día cualquiera, presentarnos como delincuentes con el natural resultado de ser tratados como nunca antes se nos había tratado en la vida.
Por sus otras obsesiones, a saber la muerte, el fútbol y ciertos rencores que él mismo decía arrastrar de mil vidas anteriores, nunca pude interesarme. Conocí al mejor Coco. El otro personaje, que jugaba para la tribuna, quiero creer que era una reacción a una sociedad enfermamente racista y despreciativa hacia todo lo que no sea blanco y homogenizado. Inclusive ahora, en la hora de su muerte, se preguntan cómo una rubia pudo fijarse en él, culto, leído, viajado, pero azambado. Lindo mi Perú, tierra de Los Malditos de Larcomar.
Su enfermedad fue larga y dolorosa. Si tanto aguantó creo que fue al comprobar que amigos y alumnos1 ya eran de su familia, cariñosa solidaridad que era cosecha de su bizarra y desmedida generosidad. Entre cirujías y el marcapasos con resucitador que le dio un tiempo extra fue grato verlo con sentido del humor y escribiendo, amparado por el inacabable y guerrero afecto de Elma y la paciencia de Saldaña. Debiéndole una visita –teníamos pendiente ver un dvd pirata sobre la vida de Gengis Khan y, si aguantaba, El Resplandor– su muerte me sorprendió a bordo de un avión. Los buenos recuerdos y la gratitud volaban sobre un oscuro cielo de pena.
Felices los que nacen sabiendo. Nunca tendrán que agradecerle nada a nadie. Para los demás, con suerte, alguien se nos cruzará en la vida para hacernos ver que aquí se viene a aprender. Quien no vea en ese descubrimiento permanente una bendición o es un genio o es un imbécil. O las dos cosas.
A ti Coco te digo gracias. Anda separando una mesa grande en un chifita del otro lado.
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1 Bajo el cierto lema de “Salazar detesta la internet”, sus alumnos del IX taller de periodismo deportivo de la USMP han creado una pagina web en homenaje a su obra literaria (http://laoperadelosfantasmas.blogspot.com/)
- Columna de Benito Portocarrero en el blog de Fernando Tuesta
Coco Salazar Publicado el 11 de Junio, 2008 por tuesta
Por Benito Portocarrero
“Coco” Salazar ha muerto. Lo que sus cercanos conocíamos como una noticia inminente, finalmente se cumplió. La muerte –paradójicamente su amiga de toda la vida- necesito de 8 paros cardiacos consecutivos para podérselo llevar. De “Coco” se puede decir infinidad de cosas dada sus incontables intereses y afanes. Se podría hablar y contar anécdotas de su niñez en su entrañable Chosica, su arcadia infantil (¿habrá sido realmente como él lo contaba?) De su sus juveniles afanes revolucionarios en San Marcos con asaltos a bancos incluidos; de su vida aventurera y estudiosa en Europa, de su paso por las redacciones de Expreso, Caretas, etc., etc. No cabría el espacio dado el talante del personaje.
También se podría hablar y contar de su proverbial fealdad pero –por un mínimo de justicia- se tendría que mencionar a las hermosas e inteligentes mujeres que lo amaron. Obligatorio sería mentar su delgadez extrema lo que inmediatamente nos obligaría a destacar –por oposición simple-, sus aficiones de gourmet y el cariño con el que cocinaba para sus amigos (¡ese arroz con pato!) y sus enciclopédicos conocimientos de las cocinas más sofisticadas del mundo. Saberes que lo llevaron a publicar libros de cocina premiados internacionalmente.
¡Grande Coco!
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Las vendettas son eso, vendettas, aunque vengan disfrazadas de procesos judiciales o investigaciones parlamentarias, como aquella que acaban de perpetrar una gavilla de congresistas contra el ex ministro del Interior Fernando Rospigliosi, un crítico independiente que, ya sabemos, es poco querido por el APRA, el fujimorismo, el nacionalismo y políticos con sed de venganza como Jorge Mufarech.

